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Por Cecilia Solano

Es conocida la frase del filósofo chino Lao Tzu. “Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida, ellos dirán: Lo hicimos nosotros”. Sin embargo, varios trabajos muestran que más del 75% de los empleados dicen que lidiar con su jefe inmediato es la parte más estresante de su trabajo.

Son importantes sobre todo para las personas ubicadas debajo de ellos en la jerarquía, para las personas que guían, quienes constantemente se topan con sus virtudes, debilidades y caprichos. Una máxima aplicable a cualquier liderazgo –ya sea el de la cocina de un restaurante o el de un centro de contactos- es que el éxito depende de mantenerse en sintonía con las personas que interactúan con mayor frecuencia e intensidad.

Los jefes transmiten su estilo de conducción y de esta manera establecen el tono de las relaciones en una organización. Son observados permanentemente por sus subordinados, ellos saben más sobre él que viceversa. Y, por supuesto, los líderes más inteligentes aprovechan esta asimetría a su favor.

¿De qué manera? Veamos cuatro sugerencias para magnificar esta ilusión de control

–Exprese confianza, incluso si no la siente: la confianza es crucial para inspirar a sus seguidores, y al igual que todas las emociones es contagiosa.

-Prohibido titubear: indecisión, demora y palabrería son características típicas de un mal jefe. Los mejores saben que las decisiones claras y rápidas refuerzan la ilusión (y la realidad) de que están a cargo.

–Obtener y dar crédito: los buenos líderes siempre dan a sus seguidores más crédito y reconocimiento del que probablemente merecen, pero cuando lo hacen, todos ganan; tanto los que dan como los que reciben.

-Mea culpa: demostrar que usted y su gente han aprendido del fracaso, este gesto es muy importante. Implica, por supuesto, tomar control inmediato de la situación en la forma que pueda y emprender un nuevo enfoque. No siempre al líder le resulta fácil admitir su parte de responsabilidad en el resultado, pero cuando lo hace, gana mucha confianza de sus empleados.

Finalmente digamos que existe bastante evidencia sobre que los jefes obtienen más del 50% del crédito o la culpa por el éxito o el fracaso, lo que representa una gran incidencia en la responsabilidad. Los invitamos a preguntarse: cada uno de ustedes prepara a sus líderes acorde a dicha dimensión.