Por Cecilia Solano

En estos últimos tiempos las organizaciones toman en consideración la capacitación de los mandos medios con más frecuencia y le están otorgando mayor  importancia. Comenzando por su participación calificada en sus respectivas áreas y proyectos, hasta la necesidad de diseñar programas de formación y capacitación a medida de sus necesidades,  alcanzando lentamente un nivel de formación más parecido a los mandos gerenciales de mayor nivel.

Reforzando este camino, recordemos solo uno de los tantos desafíos de los mandos medios hacia el interior de la compañía, que es mantener motivada a la base de la pirámide organizacional, lo que hace que puedan estar en permanente tensión, casi sin oportunidad de analizar cuestiones de mediano o largo plazo.

Poder retener los talentos que encontramos en los mandos medios, requiere que la alta dirección acompañe, comunique y ayude en su formación y capacitación, ya que muchas veces se puede tratar de personas que no han concluido un nivel universitario pero que tienen un espíritu emprendedor que los hace líderes del equipo del que forman parte.

Pero, ¿qué es tener espíritu emprendedor? Generalmente son personas que aprenden de sus errores e intentan las cosas hasta que lo logran, no dicen “no puedo”, sino que “es difícil pero voy a poder”. Tienen una actitud positiva frente al trabajo y contagian al resto del equipo de la misma energía. Por lo que, tener ese espíritu emprendedor en un mando medio, genera valor agregado para la compañía y tranquilidad para los altos ejecutivos.

Como podemos ver, tener este espíritu emprendedor es algo muy valioso para toda empresa y por ello, debemos capacitarlo y formarlo, con el fin de lograr que quiera seguir siendo parte de nuestra empresa y fidelizarlo.

Para diseñar una estrategia formadora debemos comenzar pensando que estos recursos están a cargo de aspectos vitales del negocio. Y además, analizar cuáles son sus funciones específicas, con quiénes se relacionan, qué decisiones deben tomar, etc. Asociar dicha capacitación, con formación humana en liderazgo situacional sería la situación ideal. Capacitarlos tanto técnica como humanamente se transforma en la mayor garantía de éxito de los mandos medios. Al hablar de formación humana, hacemos referencia a contribuir, con virtudes y valores, a la sana convivencia dentro de la empresa y así lograr el mejor ambiente laboral posible.

Finalmente, reafirmamos que los mandos medios son el eje principal de atención de la empresa y que al darles todos los elementos posibles para su mejor desarrollo personal y profesional, podemos construir ventajas competitivas que ayudarán a la organización en el futuro. Formándolos adecuadamente, teniéndolos en cuenta, acompañándolos no solo en cuestiones profesionales, sino en su vida personal también, dándoles así un valor agregado importante a quienes representan a la alta dirección del mañana.